«Ni los muertos pueden descansar en un país oprimido» – «Fidel Castro»

La Filmoteca de Catalunya en el marco del ciclo dedicado al director cubano Fernando Pérez Valdés nos ha deleitado con el drama Últimos «Últimos días en La Habana».

La trama parte entre dos personajes, Miguel y Diego, dos amigos que comparten un apartamento ruinoso en el centro de la ciudad.

Crítica: 'Últimos días en La Habana'

Para Miguel la vida en su país es algo asfixiante, trabaja de friegaplatos en un restaurante, el resto de su tiempo lo dedica a cuidar de Diego y a estudiar ingles mientras sueña su futuro en Estados Unidos a la espera de un visado que se eterniza. Diego, enfermo de Sida y postrado desde hace ya algunos meses en cama, solo pide ser escuchado. Vive de los recuerdos de antaño, maldice al tipo que le pegó el virus y solo desea vivir.

La convivencia de ambos se refuerza por su unión desde la primaria y secundaria, en la que compartieron aula y días de niñez, hasta la expulsión que tuvo que sufrir Diego por un incidente que nunca sucedió y del que fue culpado, Miguel salió a su rescate acabando fuera del dentro.

Critica a “Últimos días en La Habana” (2016) de Fernando Pérez |  Cocalecas.net: Noticias de Cine – Cartelera – Críticas – Entrevistas –  Podcast

Ese apego por el pasado es el apego de un presente, un presente con final funesto para un Digo lleno de vida y un Miguel que está sumido en un total introversión con la esperanza de hacerlo en otro lugar.

Gracias a Miguel y Diego, no solo conocemos de ellos y sus enredos personales, ambos, desde sus puntos de vista, nos hacen navegar en la cruda realidad cubana, donde está la escasez de todo frente a alegría, las carencias de un sistema contrarrestado con la alegría y sonoridad de sus vidas en su cotidianeidad del momento.

Últimos días en La Habana - Filmin

El film se nutre de otros personajes que acaban por darnos a conocer más de ambos protagonistas. Por un lado está el joven muchacho que busca Miguel a petición de Diego, para que este le anime el día de su cumpleaños, un chico que acaba por darle conversación, en vez de sexo, que es lo único que al final acaba necesitando Diego. Tenemos a la vecina que se acuesta con todos sin tapujo alguno, a otra vecina octogenaria que sufre por Diego y que le quiere pero no desea verlo por las condiciones en las que está. La sobrina de Diego, una adolescente de 14 años con una visión pésima de la Cuba que la vio nacer, tanto es así que acaba diciendo en un monologo final, donde cuenta el destino de los personajes, principales y secundarios, que su relación con la isla le produce muchas veces ganas de llorar, y por ello llora.

A destacar a nivel técnico la calidad de la fotografía, la luz con la que se ruedan los planos, la elección de los exteriores, el argumento y la fantástica dinámica de los actores y actrices.

Críticas - Últimos Días en La Habana

«Últimos días en la Habana» está llena de calidez humana y respeto, tratada con cariño, desprende a cada acción que se genera, algo extraordinario. La sensibilidad en el tratamiento de temas como la amistad, la homosexualidad, la pobreza, la política, la libertad, la no critica a lo que el prójimo hace y los deseos por mejorar tanto a nivel individual como en la colectividad, la hacen un precioso relato lleno de ilusiones por seguir viviendo.

La cinta tiene una cierta similitud, por la atmosfera y sus personajes, a la mitica «Fresa y chocolate» (1993) de Juan Carlos Tabío y Tomás Gutiérrez Alea.

Escrito por Rodolfo Monserrat