“No se recuerdan los días, se recuerdan los momentos” – Cesare Pavese

La Filmoteca de Catalunya, dentro del ciclo “El nou cinema alemany” nos trae el drama Alice in den Städten del director Wim Wenders.

La historia parte de un personaje principal llamado Philip Winter, alemán de mediana edad dedicado al periodismo, que trata de preparar su próximo reportaje sobre los paisajes de Norteamérica. Falto de inspiración, no escribe un ápice de texto, pero si acaba sacando unas cuantas instantáneas con su polaroid; escenas sin un rigor especifico y fuera de forma, como una especie de diario visual de los espacios recorridos.

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De allí, decide regresar a su Alemania natal en busca de eso que le falta, texto para su trabajo. Estando en el aeropuerto de Nueva York, coincide fortuitamente con Lisa y, su hija, Alice, que también desean volver al paisa germano.

Una huelga de controladores aéreos en Alemania les obliga a cambiar de planes, volar a Ámsterdam para tratar de llegar a su destino por carretera, es por ello que se quedan una noche mas en Nueva York.

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A la mañana siguiente, Lisa desaparece, y a través de una nota en un trozo de papel, le encarga a Philip que lleve a su hija hasta Ámsterdam, a donde ella dice que llegará. Aparentemente ese escrito da pie a pensar que la madre tiene algo pendiente que hacer de ultima hora y puede que nada mas sospechoso que ese despiste, pero ¿Qué tipo de madre dejaría a su hija a expensas de un desconocido?.

Philip sin dudar de la palabra de Lisa decide irse con Alice a Ámsterdam. Las horas pasan y nadie aparece, al final Philip decide alquilar una habitación de un hotel cercano al aeropuerto y afincarse allí hasta la llegada de la progenitora de la pequeña.

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En vista de que los días pasan y nadie llega, Philip decide buscar a la abuela de Alice, para ello le hace recordar hasta que la niña afirma, después de mucho insistirle y leerle los nombres de ciudad por ciudad, que la anciana vive en Wuppertal (estado federado de Renania del Norte-Westfalia).

Alice no recuerda el nombre pero si una conserva una fotografía de la casa. Estando allí, a Phillip le entra la nostalgia, ya que él también paso su niñez.

Dysphoros on Twitter: "Alicia en las ciudades / Alice in the Cities / Alice  in den Städten || Wim Wenders… "

El dinero empieza a escasear, a Philip le queda pocos marcos y la búsqueda esta por cerrarse, ni una sola pista de la abuela, así que este decide dejar a la pequeña en una comisaria de policía a ver si con la ayuda de los agentes la localizan.

En ese impase, a Philip da tiempo a ver un concierto de Chuck Berry, quedándose con el estribillo de la mítica ‘Memphis, Tennessee‘.

MOGAMBO: "Alicia en las ciudades" (Wim Wenders, 1974)

Alice no puede quedarse un minuto mas en manos de la policía y decide fugarse y buscar de nuevo a Philip. Localizados y estando juntos, Philip acepta el reto de hacer un último esfuerzo, por lo que siguen su marcha al encuentro de la abuela.

Al final, un Philip desesperado por la falta de recursos solo le queda tirar de los suyos, y va en dirección de casa de sus padres. Las casualidades hacen que en el ferry que toman, el policía que atendió a Philip en la comisaria, lo reconoce y le da la nueva buena; Han encontrado a Lisa y la abuela de Alice, que vive en la ciudad de Múnich. Con esa, el agente, Philip y Alice emprender rumbo a la ciudad alemana.

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A destacar la calidad de la imagen, la belleza de los paisajes y detalles rodados por Wenders tanto en la ciudad de Nueva York como en las ciudades alemanas, la excelente interpretación y química de Philip y Alice, y de como un drama acaba convirtiéndose en un halo de esperanza para un periodista aparentemente falto de ideas y de una pequeña con cierta tristeza interior.

Wenders con este film busca hablarnos de eso que llamamos “encontrar nuestro lugar en el mundo”. A veces uno anda desubicado, perdido sin mas y, solo necesita que algo o alguien que lo guie, que lo recoloque para volver a un estado de tranquilidad y sobre todas las cosas a la comodidad de la vida, al sentirse bien con uno mismo y con el entorno en su mayor de los equilibrios posibles.

Escrito por Rodolfo Monserrat