“Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano” – Martin Luther King

Hoy regreso con la primera parte de la trilogía de la libertad de los directores Tomás Lipgot y Christoph Behl, donde hablamos ya hace algún tiempo del estreno de su última parte donde se nos habla de la vida de uno de los personajes principales de esta cinta, Moacir Dos Santos, recluido durante años en un centro con su único sueño de recobrar la libertad para ser cantante de boleros.

La historia parte de Fortaleza, sigue con Moacir y acaba con Moacir III, que comentamos.

Moa

Centrándonos en esta se cuentan tres escenarios duros de asimilar y de sobrevivir, por un lado la Unidad 32 Florencio Varela (una prisión), por otro el Hospital Nacional “Dr. Baldomero Sommer” (un centro de personas afectadas con lepra) y por último el Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José T. Borda.

En la prisión se nos cuenta la historia de personas donde cumplen condena los reos mientras cuentan de forma direct e indirecta su problemática fuera y dentro de los barrotes. Su dia a dia se hace más liviano con la reparación de ordenadores  a través de una fundación llamada Maria de las cárceles. También andan limpiando, alicatando y pintando paredes y el fútbol y la música les distrae, un bálsamo para dejar de pensar en su destino inmediato. Estos trabajos les sirven para socializar y se hacen con la voluntad de reinsertarse en la sociedad cuando sus penas sean cumplidas.

Fortalezas (2010, Christoph Behl & Tomás Lipgot) - cinemargentino

Entre rejas se comparten más que cigarrillos, se cuentan sus penas, preocupaciones y tristezas y entre ellos buscan consuelo y soluciones. Hablan de amor y sufrimiento, escriben cartas y andan rodeados de fotografías de mujeres a modo de “taller” y videojuegos les sirven de distracción mientras separan la basura electrónica de los componentes aprovechables. Pese a todo, se respira tristeza en la prisión.

En el Hospital Nacional “Dr. Baldomero Sommer” (1941), un grupo de estudiantes del Colegio Bertrand Russell visitan el centro para desestigmatizar la enfermedad de la lepra. Allí descubrirán cosas como que el Che Guevara fue a un leprosario, que detrás de esas manos alteradas y rostros cambiados hay grandes corazones, que la enfermedad no se contagia tan fácilmente y que el miedo deriva de lo desconocido no de lo que acabas entendiendo. Hoy en día la enfermedad no se oculta, ya no es tabú pese a seguir teniendo cierto rechazo en las sociedades. Antes los centros se separaban por alambradas entre hombres y mujeres, zona sana y segura y, los enfermos y, allí cerca el cementerio, algo feo de compartir cuando uno se encuentra mal y ve cada mañana las cruces desde su dormitorio.

Moaii.jpg

Al final de la visita, los estudiantes se replantean la vida y acaban dandose cuenta que se debe dejar la superficialidad para centrarse en lo que realmente importa, que al fin y al cabo, son las personas y dejar ese miedo absurdo de lado.

Por último entramos al Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda y al hogar de adultos San José, donde personas con problemas mentales y dependientes acaban allí. Entre los casos que se nos muestran esta Juanita, una mujer que se quemó por dentro al tomar lejía; Moacir, un hombre bondadoso, educador y respetuoso que se preocupa por todo el mundo y el que cayó en una esquizofrenia paranoide a los 17 años de edad a raíz de la muerte de su madre y que conlleva un largo tratamiento, Manuel es un profesor de matemáticas que lleva 6 años interno, siempre está triste pero tiene la esperanza de recuperarse de la silla de ruedas a la que está postrado y recobrar su vida. Todos ellos confiesan que cuando están tristes buscan algo que les anime, como la música, los libros, las películas, el casino, las lindas minas e incluso los números son un referente.

Moaiii.jpg

Pese a las circunstancias de cada uno, viven dentro de una cotidianidad donde se apoyan y se cuidan unos a otros. Moacir anima el espacio con sus canciones, se niega a rendirse y a vestirse de negro que le trae recuerdos tristes. Le encanta cantar canciones de amor de Carmen Miranda y su preferida es la composición “inolvidable” escrita por Julio Gutiérrez allá en el año 1944.

Moacir a parte de cantar confiesa todo orgulloso en una sesión de podología que hizo un anuncio de gaseosa desde españa y ganó 500€. La verdad es que es un ser entrañable y se hace querer.

moaiv

En el Hogar San José se plantean diariamente retos de cómo mejorar sus vidas, parece algo baladí pero no lo es, les estimula y les lleva a ser competitivos, a buscar la forma de alcanzarlo y a pensar en superarse diariamente.

Lo curioso de los tres escenarios es que todos llegan a una conclusión de que por suerte existe el olvido para algunas cosas, eso sí la esperanza está presente en cada uno los sus protagonistas, una esencia en la fe necesaria e imprescindible para poder al menos tener el anhelo de regresar a sus vidas y sueños en próximos capítulos.

moav.jpg

A destacar la difícil misión pero muy bien intercalada e interconectada de tres mundos aparentemente diferentes pero que en el fondo se basan en la “fortaleza” del ser para sobrevivir y salir de allí. Las historias no se cuentan en bloque, se van alternando sus escenarios y personajes hasta dar como resultado un documental excepcional y muy bien guionizado.

No nos olvidemos de la calidad humana con que se ha hecho por parte de sus directores y el equipo técnico, denota mucho cariño y dedicación a esas personas totalmente invisibles ante una sociedad artificiosamente modelizada que se las da de estar fuera de toda problemáticas de este calado.

Escrito por Rodolfo Monserrat