“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica” – Salvador Allende

Este documental trata de esclarecer el secuestro y desaparición de “Reinalda del Carmen Pereira Plaza” de Lorena Giachino, hija de Jacqueline, la mejor amiga de Reinalda.

Jacqueline ahora, recién sufrido un coma diabético el año anterior a la grabación de este trabajo, vuelve a su hogar con secuelas tanto en la movilidad como en su memoria donde vivagan los recuerdos de Carmen, remembranzas que con la ayuda de su hija va a recobrar cierta lucidez y quizas. siguiendo esos pasos, esclarecer lo que aconteció en diciembre de 1976.

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Jacqueline y Carmen estudiaban Tecnología Médica en la Universidad de Chile cuando acontecieron dichos sucesos. Jacqueline recuerda que Carmen era una mujer normal que tenia cierta actividad social e incluso tenia un duo musical con Carmen llamado DuoSonrisal, aunque otros allegados dicen que era inconformista y bastante introvertida, visiones contrapuestas que no podemos corroborar porque el caracter es una percepción personal, pero lo que si estan deacuerdo es que ella queria otra vida que la que tenia, pues es posible que por ello militase en el partido comunista y este fue el desencadenante, o pretexto que se uso para darle caza.

Entre fotografías de 1962 y la visita al muro de la memoria donde está la de Carmen, vemos que la tristeza inunda el rostro de Jacqueline, puede que el tiempo haya deteriorado el retrato en el muro pero no el amor de dos amigas muy amigas.

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En este recorrido de la remembranza, Lorena y Jacqueline visitan la universidad, un lugar donde confiesa su madre que no volvía desde hacia al menos más de 30 años y donde se erije una placa en homenaje de la facultad a ñas victimas de la represión en la cual, despues de Allende y Ávila, aparece Reinalda.

Pero Lorena no solo quiere hablar de ese pasado oscuro y triste, pues este documenta a parte de recordar la memoria de Carmen y entrar de lleno en la poca investigación que aconteció, también habla de su madre, una mujer que ahora requiere de cuidados de una mujer externa por las secuelas sufridas y que ha sabido salir del pozo, como esta dice, ha sabido reinventar su vida cotidiana pese a la pérdida de un pilar de juventud.

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Jacqueline pinta sobre lienzo en un estudio, parece que a modo de terapia curacional, y la verdad es que lo hace bien. Vemos que ella aparentemente es una mujer tranquila pero en el fondo no acabó de hacer un duelo adecuado puesto que tampoco se cerró nunca esa herida con Reinalda.

Ella, en su otra vida (como me gusta llamar a las ocupaciones o cosas que dejamos de hacer y haciamos ya que una vida alberga en su interior infinidad de otras vidas) trabajaba en el Banco de Sangre de Soto del Río, y es allí donde vuelven de visita y ella se reencuentra con antiguas compañeras de trabajo. Alli no solo se acuerdan de su mama, tambien de la directora y de su hermano (Juan José) cuando eran pequeños.

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En el Banco, sus antiguas compañeras reiteran la idea de una Carmen muy reservada y extremadamente idealista.

Entrando de lleno en el tema de la detención, primero lo fue a los pocos días después del golpe y pasados unas cuantas jornadas fue liberada en la estación de ferrocarriles Puente Alta, bajo la condición de ir a firmar semanalmente un libro llamado de “control de personas con comprometimiento político”. Pero esta, decidida con la causa, pasa a la clandestinidad sin huir de Chile, se queda en el país para luchar.

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Se cuenta que se la vió en las noticias de la TV cruzando, junto con un grupo de unas 90 personas, la cordillera argentina, pero que la última detención se produjo a los 29 años de edad, cuando estaba embarazada de 5 meses, mientras esperaba locomoción colectiva, por agentes de seguridad el día 15 de diciembre de 1976, en la calle Exequiel Fernández esquina Rodrigo de Araya y, nunca más se supo nada de ella.

Entre recuerdos Lorena le pregunta a su madre como seria ahora a su edad, a lo que ella responde; “cariñosa”. Algo que se hace patente es el miedo que generaba, y genera aunque parezca mentira en pleno siglo XXI, tratar temas políticos. Un recuerdo habla de que al papa de Jacqueline no le gustaba que viniera Carmen de visita por la militancia que ostentaba, a la vez cuando Lorena va a buscar una referencia, a Max Zuñiga, un testigo en Concepción, a más de 1.000 kms desde Santiago, este se niega a hablar ante la cámara, pero ¿porque?. Esto demuestra que la cultura del miedo sigue permanente pese a que hayan pasado tres décadas del suceso.

Pin en Reinalda del Carmen Pereira Plaza

Este viaje parece complejo de completar, entre el ocultismo por parte de las fuerzas organicas, los testigos que se niegan a hablar y Jacqueline que, por su enfermedad, confunde en ciertas partes la verdad de lo que realmente vivió. Todo está turbio, pero Lorena no se rinde y prosigue.

Jacqueline confiesa que se entera de la desaparición de Carmen por la prensa, antes de eso no supo nada. Ahora Lorena regresa al hospital, en Sotero del Rio, donde Maria Rosa, una amiga de su madre, donde rememora aquellos días donde se avisaban a modo de golpecitos para avisar de la presencia de los militos. Lorena se da cuenta que la amistad entre su mama y Carmen se desvaneció con el golpe y no con la desaparición, pues ella se centró en la causa y el contacto con Jacqueline paso a un segundo o tercer plano y, su mama lo sufrió, vivió angustiada esa pérdida cayendo en una depresión antes del quebranto físico y perpetuo.

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De aquí entramos de lleno a la causa, a la que el abogado Nelson Caucoto ha llevado la de Carmen y sus doce compañeros que fueron secuestrados, asesinados y lanzados a una mina en Cuesta Barriga y que se supone que, posteriormente, se les desenterró parcialmente, fueron metidos en sacos de arena y lanzados al mar para hacer desaparecer cualquier prueba de los hechos. Lo del lanzamiento de los cuerpos a la mina se sabe porque el dato se facilitó en una mesa de dialogo dada por los militares, pero los forenses confiesan que alli no habian cuerpos enteros, solo partes de esos cuerpos que quizás los que los desenterraron no vieron y, por ende no borraron las pocas pruebas que quedan de los trece (a 2006 aún sin identificar aunque se tenga una base de datos con ADN mitocondrial e, incluso se duda si unos pequeños huesos pudieran ser de animal o del bebe de Carmen, todo se resume en “nada” pese a los 213 restos oseos encontrados por motivos “ministeriales” ya que hay un informe que se ha quedado en un cajón sin más (excusa; el decreto ley amnistía)).

A Jacqueline le duele que su hija rememore estos hechos pero dice que quiere que se haga este documental, tal es así que sigue acompañándola a los lugares por donde pasó Carmen para poder cerrar este ciclo.

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Ahora para Lorena esto se convierte en una obsesión, ya que esto no puede quedar en “nada” y se pone a revisar registros y otros lugares, como una antigua clinica de la DINA (donde se cree que fue Carmen a pedir auxilio durante un sangrado del embarazo y donde no hay rastro alguno de su presencia) y centro de tortura, donde hay centenares de papeles almacenados aún sin ser vistos ni clasificados, es tal la magnitud de documentación acumulada que en treinta años no se han abierto aún miles de carpetas que se encuentran acumuladas en antiguos centros de detención, quizás haya algo de Carmen, pero se necesita que pase más tiempo para desempolvarlos y hacer que la luz llegue a esas letras.

En todo este tiempo, solo ha habido un ministro, designado en dictadura, encargado de investigar desapariciones, pero no era más que un títere creando diligencias artificiosas. El único que hizo algo ha sido el magistrado Carlos Cerdà, pese al riesgo que conllevó en pleno regimen, el cual procesó a 40 uniformados entre ellos el general Gustavo Leigh, excomandante en jefe de la Fuerza Aérea y exintegrante de la Junta militar. Un claro acto de justicia, pero sin duda alguna de valentia confesando que si se repitiese el caso, lo volveria a juzgar del mismo modo.

REINALDA DEL CARMEN PEREIRA PLAZA

Gracias a Cerdà y al apoyo del pueblo poco a poco se ha ido avanzando, pero la cosa va con mucha lentitud, pese a que el miedo y el silencio perdura en las personas que lo vivieron y en las instituciones del país, como es el ejemplo del juez Juan Fuentes del Val, que ahora reabre el caso de Cuesta Barriga y se niega a hacer declaraciones ante la cámara de Lorena.

Este trabajo es un imprescindible para que historias como la de Reinalda del Carmen no acabe inconcluso, sin juzgar y en el olvido. Quiero destacar la calidad humana que transmite Lorena en su filmación y como es capaz de captar la esencia y la emotividad, la rabia aún contenida y el desasosiego, la tristeza a la vez que la esperanza de sus protagonistas y, en especial, de su madre, una mujer que ha sufrido y que continua haciéndolo pese al paso de los lustros.

Escrito por Rodolfo Monserrat