“La forma más estúpida de acabar con lo mejor de una sociedad es la guerra” – Abel Pérez Rojas

La Filmoteca de Catalunya dentro del ciclo “Fantasmagories del desig 2020” nos trae el drama “Ivanovo Detstvo” del director ruso Andréi Tarkovski.

Parte de la sonrisa e inocencia de un pequeño de 12 años de edad llamado Iván, que parece estar feliz, pero despierta y en realidad se encuentra en un cobertizo sucio y con ropajes rotos. Rápidamente se viste y parte su huida por mitad del bosque, recorriendo unas lagunas enfangadas sin rumbo aparente.

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Parece que el mundo no es perfecto ni ante los ojos de un niño, todo se ha tintado en azul oscuro casi negro, una negritud que será difícil de borrar de una alma aún por desarrollarse.

De esa escena pasamos a la que un soldado parece haberlo detenido y retenido en un barracón donde lo interroga para saber quien es.. El pequeño le dice al militar que informe al estado mayor del 51 de su presencia, pues dice llamarse Bóndariev. Después de mucho insistirle, este accede y finalmente parece que es cierto que el pequeño conoce a los altos mandos, ya que colabora con una unidad del Ejército Rojo en el frente oriental desde que se queda huérfano por culpa de los alemanes que asesinaron a sus padres.

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Es en ese momento cuando descubrimos dónde estamos y en qué periodo de la historia; en plena contienda de la Segunda Guerra Mundial.

Anteriormente, cuando este se queda desamparado, Tarkovski nos presenta como Iván llega hasta ese punto. Primero fue llevado a un internado pero se escapó de él y decidió a toda costa meterse de lleno en la ofensiva contra los alemanes ya que su objetivo, pese al riesgo que entraña el fuego real, es colaborar con las tropas soviéticas como explorador por su facilidad de movimiento sin ser visto y como forma de ayudarlos a modo de vendetta.

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Finalmente hay una misión más para Iván, un reto que consiste en alcanzar los límites de la línea enemiga. Los adultos que le acompañan no quieren que lo haga, pero él se empeña y más cuando ha leído unas horas antes sobre un muro, que alguien escribió que se vengara la muerte de los que allí dieron caza. Ivan está dispuesto a todo, y es así como accede al cometido.

Finalmente todo acaba con un final que no revelaré, pero sí decir que el director decide mezclar esa ficción con imágenes del fin de la guerra, como la del cadáver de Goebbels quemado, por petición propia, junto con los cuerpos de su esposa e hijos después de haberse suicidado colectivamente o, escenas de la quema de libros sin más como signo de exterminar la voz de papel, algo que por suerte los nazis no pudieron hacer desaparecer.

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A destacar la calidad de la fotografía, la originalidad del guión, la forma de rodar y la toma de planos, el uso de las sombras y claroscuros, la poética de las imágenes y la excelente elección del protagonista, el actor Nikolái Burliáyev que hace una interpretación increíble.

Este trabajo nos lleva por sendas más allá de lo que ya conocemos. La cinta no solo muestra la heroicidad del pequeño y el empuje por dar caza a los malos, también nos lleva al antes de la guerra con imagenes de pura felicidad de Iván junto a su madre como de total desolación la de un anciano al que la guerra solo le ha dejado en pie la puerta de su casa y una gallina. Contrastes de lo que lleva arrasar con todo, de aniquilar y sesgar vidas destruyendo todo lo que queda a su alrededor.

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Tarkovsky también nos habla del mundo militar donde todo no es dureza, órdenes y lucha armada. Entre las enfermeras y estos también fluyen sentimientos de soledad, de amor y de resignación. Una especie de microrrelato dentro de la narración principal en la que la guerra saca lo peor y a veces lo mejor de cada uno.

“La infancia de Iván” es en definitiva un relato que nos habla de que ocurre cuando elementos externos modifican el crecimiento emocional de un pequeño, y a la vez de una nación, acabando por mancharlo todo de sangre y llenarlo de odio, ira y agria melancolía.

Escrito por Rodolfo Monserrat