“No se puede esperar a la inspiración, hay que ir a buscarla” – Jack London

En la primera jornada de la Mostra de Cinema italià 2019, se ha proyectado la película “Martin Eden” del director Pietro Marcello.

La historia, basada libremente en la novela homónima del escritor estadounidense Jack London (1909), narra la vida de Martin, un joven napolitano de clase baja que se gana la vida como marinero y que por el hecho de salvar a Arthur, un muchacho de clase alta, de una paliza, acaba siendo invitado a su casa y toma contacto con un nuevo mundo; el arte y la opulencia le hará reflexionar sobre su paupérrima situación presente.

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En ese nuevo espacio Martin se siente algo distante a la vez que muy atraído, sobre todo cuando conoce a Elena, la hermana de Arthur quien no solo le hará latir el corazón sino que le dará fuerzas para lograr su sueño de ser escritor.

El problema principal de Martin es que apenas acabó en su día la educación primaria, cosa que limitará mucho el poder alcanzar la cota de las letras. Aún tratando de inscribirse de nuevo, será rechazado con lo cual solo le quedará leer mucho y ser autodidacta.

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Su empeño no va a cesar y enviará centenares de manuscritos a diversas redacciones hasta que consigue que una le publique un primer relato corto. A la vez de su esfuerzo intelectual estará el personal, un trabajo que tampoco le va a ser nada fácil pues Elena pertenece a un universo por encima de la existencia del de Martin, por lo que esta última parte acabará siendo pisoteada por la familia al rechazar a un pobre entre los suyos.

Los años pasan, quizás demasiado rápido en lo fílmico puesto que la velocidad de los hechos va mucho más acelerado de lo que se nos narra, y Martin acaba por lograr su propósito; ahora es un escritor de élite.

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Alcanzada cumbre, Martin se da cuenta que en la vida el reconocimiento y el poder no lo son todo, igual que tampoco lo es el dinero, elemento ausente que truncó la aprobación de la familia Morse por alcanzar su verdadera felicidad que era estar junto a Elena. Es por ello, que en mitad de la presentación de su último libro afirma que “Martin Eden” no existe como tal, que ese nombre no es más que una creación de sí mismo y que la realidad difiere de lo que ha escrito en todos estos años, un tiempo poco fructífero dedicado a la pasión por las letras a la vez que al abandono de su verdadero y único fin; la felicidad junto a su amada.

Martin acaba muriendo como artista, muere por dentro sin más (metafóricamente hablando) y, por ende, lo hace su identidad como reconocido literato. Una destrucción que no acabará solo con la personalidad del ente sino que irá más allá con el propio suicidio del personaje frente al mar, hecho que aparece frecuentemente en las historias de Jack London.

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A destacar la calidad de la fotografía, la forma que se ha estructurado y adaptado el guión, la interpretación de los personajes y el poder de su mensaje y moralejas intrínsecas, al menos las que yo sobreentiendo como modesto espectador; “lucha por lo que realmente merezca la pena pues ni el dinero ni el poder te harán libres ni colmaran tu felicidad” y, por otro lado “el arte puede salvarte temporalmente pero sin una base sólida en lo personal, ese ingenio puede acabar consumiéndote en tu totalidad” .

Recalcar de nuevo que narrativamente hablando sobre la velocidad de las acciones (pasando de un Martin que recién publica un relato corto a un escritor de varios libros de éxito), entendiendo este como una decisión del director por acortar metraje, hace del film que en cierta manera se salten partes de su vida que considero que hubiera sido interesante descubrir. Otro detalle que me desconcierta es que desconocemos en qué época estamos a cada momento, pese a ello y que la adaptación del relato de London es libre, podemos intuimos por el Tiburón Citroën que aparece en una de las escenas a mitad de la cinta que nos situamos en los años 70, o como la escena final del mar al ver unos inmigrantes, en la orilla a modo de crítica de las oleadas que llegan diariamente a las costas de todo el mediterráneo buscando un lugar mejor en el mundo, nos ubica en el momento presente. Todo lo demás encaja a la perfección y está muy bien realizada, “Martin Eden” no deja de ser una historia pasada contada en tiempos presentes con tintes atemporales.

Escrito por Rodolfo Monserrat