“Soy el pintor del volumen, no de las mujeres gordas”

En esta jornada he seleccionado de la parrilla del festival el documental “Botero” del director canadiense Don Millar.

Este trabajo muestra la intimidad del artista, la persona que se oculta detrás de las mujeres y animales rechonchos, de la imaginativa del genio de Fernando Botero.

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Botero nace en Medellín, Antioquia, en 1932 en el seno de una familia humilde. Fue el segundo de tres hermanos y la muerte de su padre a los 4 años de edad le dejó muy marcado. Su madre tiró de la familia hacia adelante gracias al hijo, él cuenta que ella cosía de maravilla.

En 1938 se inscribe en la escuela primaria en el Ateneo Antioqueño, y luego entra en la Bolivariana para continuar con el bachillerato. En esta etapa se da a conocer con las ilustraciones que publica en 1949 en el periódico “El colombiano”, medio que le llevará a ser expulsado de la Universidad Pontificia Bolivariana, porque en ese momento consideran que el texto y las ilustraciones (desnudos) sobre Picasso, son obscenas y están fuera de lugar.

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Como dato curioso, cuenta que por primera vez expone en una tienda seis pinturas de las cuales, acabó vendiendo una, y fue tal la emoción que salió corriendo hasta tu casa con la mala fortuna de perder los 20 pesos colombianos que ganó de la primeriza obra.

Una vez esta fuera, al año siguiente a la expulsión decide inscribirse en el Liceo de la Universidad de Antioquia a la par que iba a la escuela para toreros de La Macarena pero tuvo un problema y acabó dejando la tauromaquia para iniciarse en el arte de los pinceles. Es así como en 1948 realiza su primera exposición en Medellín. En Bogotá, gana el segundo puesto del IX Salón Nacional de Artistas con el cuadro Frente al mar.

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Gracias a ese premio, decide emprender un viaje hasta Europa y aprender, primero, en la Academia de San Fernando en Madrid (1952) a través de la pintura clásica del Museo del Prado y, posteriormente en 1953 parte hacia París, donde el frío en su diminuto apartamento le hiela los huesos de tal manera que tiene que dormir con abrigo y guantes.

Un año más tarde a Florencia, donde se inscribe como alumno en la Academia de San Marcos. En la ciudad de la Toscana se enamora del estilo de Piero della Francesca.

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En 1955 decide regresar a Colombia para realizar una exposición con algunos de sus trabajos realizados en Europa, pero no recibe el reconocimiento que espera.

En 1956 se casa con Gloria Zea, y tiene tres hijos, Fernando, Juan Carlos y Lina. La pareja decide viajar hasta la Ciudad de México, donde Botero quería conocer la obra de los muralistas mexicanos. Decepcionado con lo que vé, y es allí donde Botero encuentra su estilo propio, la base de su obra parte en este momento, cuando Botero dibuja una mandolina en un parque cercano a su domicilio, y por inspiración divina, empieza a ver que si exagera la forma del instrumento y lo grande lo hace pequeño y lo pequeño grande, la perspectiva de su obra cambia hasta crear algo nunca visto.

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En 1957 expone con éxito en Nueva York con ese nuevo estilo y al año siguiente regresa a Bogotá, donde lo nombran titular de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. A partir de ese momento es un pintor y escultor reconocido a nivel mundial.

El documental a parte de contar su vida, nada fácil por cierto y llena de penurias hasta su reconocimiento como artista destacado, quiere enseñarnos la obra de un genio desde su punto de origen, para entenderla un poco mejor, como es el caso de Pedro, el hijo pequeño que murió en 1974 en un accidente de coche en España y del que a través de retratar y recordar sus vivencias en varios cuadros, superó el duelo de esa dolorosa pérdida y consiguió recuperar su vida.

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La obra no solo se nutre de entrevistas al propio pintor y a mostrar 305 obras, también aluden a la figura del artista sus familiares y amigos, historiadores, estudiosos del arte, comisarios y académicos.

A nivel técnico destacar la calidad de las imágenes, a nivel argumental la estructuración del relato y la forma en que narra los sucesos a través de la obra de Botero. Sin duda este documental es un imprescindible para entender al genio colombiano del pincel y del bronce.