La plataforma de streaming Netflix nos trae, desde octubre del año pasado, nueva serie en formato documental que nos cuenta historias de algunas de las leyendas de la música como Robert Johnson, Bob Marley, Johnny Cash, Jam Master Jay, Sam Cooke, Víctor Jara, entre otros.

Promesas inconclusas

Un plato fuerte con gusto a poco

En este documental podemos encontrar rápidamente muchas virtudes, como la profundidad emocional que se alcanza en las entrevistas,  el espacio que se les da a quienes aportan testimonios, la rápida ubicación social y política, la agilidad narrativa, la belleza de la música original y muchos otros etcéteras.

El uso del material de archivo debe destacarse particularmente, tanto por su calidad como por el uso que se hace de él. Fundamentalmente, por tratarse de un relato que se mete de lleno con el régimen militar liderado por Augusto Pinochet, que así como asesinó, torturó y desapareció a miles de personas, también destruyó salvajemente archivos, grabaciones y todo tipo de formatos de obras culturales. En este sentido, el valor del hallazgo y la puesta en valor es doble.

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Pero como sabemos, la totalidad es mucho más que la suma de las partes, una buena comida es más que la sumatoria de buenos ingredientes… o al menos, debería serlo. Y creo que ahí este documental alberga un problema. Porque cuando la estructura de la película comienza a crecer dramáticamente apuntando lógicamente hacia el clímax, comienza a resquebrajarse. No alcanza a responder con potencia los interrogantes con los que se fue abriendo paso en su camino.

Este tipo de relatos se estructuran siempre bajo una premisa simple e ineludible: Toda historia es la historia de una transformación. Pero aquí no sucede. Nadie se transforma. Hay cambios, por supuesto, como el del propio Víctor Jara, que tras su muerte se convierte en un símbolo combativo para toda Latinoamérica, como el de su esposa, Joan, que logra conseguir justicia tras una incansable lucha de 40 años contra los impenetrables portales de la justicia chilena, como el del propio acusado, Pedro Pablo Barrientos, que realiza un pequeño recorrido en el que de alguna manera, logra salir bastante bien parado.

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Pero estos cambios no resultan suficientes, ya que ninguno de ellos logra trascender, ninguno consigue un estado verdaderamente nuevo, ninguno alcanza un estado superador. Y esto mismo le sucede al documental, que culmina narrando la sucesión de hechos históricos sin emitir juicio ni abrir nuevas hipótesis. Acaso lo intenta, al realizar la prueba de detección de mentiras al principal acusado, pero  termina sin efecto ya que la experiencia resulta fallida.

Así, el documental avanza en pos de narrar el universo en el que se produjo la muerte de Víctor Jara (como el grado de polarización en el que se encontraba Chile durante el gobierno de Salvador Allende, el bombardeo a La Moneda, las implicancias de Richard Nixon en el derrocamiento y el apoyo económico directo de Estados Unidos al diario El Mercurio) y sus posteriores acontecimientos de orden judicial, popular, político y familiar, pero no logra dar pasos firmes a la hora de ofrecernos una mirada nueva de los hechos, una lectura que abra nuestros ojos, que nos haga ver aquello que nos fue negado o que no lográbamos ver por nosotros mismos.

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En resumen, este documental tiene elementos muy valiosos, con un contenido histórico cuidado, con grandes logros de producción en términos de entrevistas y material de archivo, con un montaje que articula muy bien los testimonios de unos y otros, con buen ritmo, con declaraciones emocionantes, pero así y todo, no logra alcanzar un nivel de profundidad que patee el tablero y nos acerque algo nuevo.

El tema lo tiene todo, Víctor Jara es un artista icónico en la música popular latinoamericana, su muerte es un punto de inflexión en la historia de Chile, los posteriores acontecimientos de injusticia y los encubrimientos políticos, tienen un potencial enorme como para ofrecernos un plato verdaderamente fuerte, pero esas promesas abiertas al inicio del relato, terminan inconclusas, desdibujadas y con sabor a poco.

Escrito por Miguel Baratta