Esta vez la Filmoteca ha querido hacer una retrospectiva de Jaime Rosales proyectando la recién Petra, La soledad, Hermosa Juventud, Sueño y silencio, Tiro en la cabeza y Las horas del día.

Esta es la historia de Abel, un hombre de mediana edad y propietario de una tienda de ropa en el centro del El Prat de Llobregat (Barcelona). Como empresario el local no tiene demasiado éxito, lo cierto es que tampoco le pone demasiado empeño a ello. Tiene a su cargo a una amiga que conoce desde hace veinte años, una chica bastante pasota que parece haberle dado siempre mil ideas de renovación y él se empeña en no cambiar un ápice lo establecido, probablemente por la anterior propietaria, su madre, con la que vive.

Resultado de imagen de las horas del dia rosales

Vemos que la tienda no es más que un paralelismo respecto a lo que es su vida, un pasar de los días monótono y aburrido en el que no hay queja pero si una profunda aceptación de lo que le sucede. Es más lo asume, que le dice a su amigo de toda la vida, el kioskero del barrio, que si quiere ser feliz debe aceptar la realidad de lo que venga.

Abel, a pesar de un ser neutro tiene a Tere, su novia. Una chica simpática y llena de vitalidad que trata de dar luz en la vida del ser inerte, un protagonista que cada dia hace menos porque la relación perdure ya que no tiene ganas de hacer nada con ella.

Resultado de imagen de las horas del dia rosales

Entre tanta pasividad en casa y la tienda, un día decide tomar un taxi, con la mala fortuna de la taxista de acabar asesinada en su propio vehiculo por las manos de Abel, que acaba de ocultar el cuerpo entre unos matorrales de un camino apartado de la autopista. En ese momento Abel se convierte en un asesino sin ningún móvil aparente de matar ya que ni la roba ni la agrede sexualmente. Parece que el único sentido, por supuesto no justificable, es ahogar su rabia acabando con la vida de una inocente.

Nadie sabe de su “despreciable acto”, aún así la vida sigue como si no hubiera pasado nada.

Resultado de imagen de las horas del dia rosales

Sus amigos, el kioskero y su pareja, les invitan a cenar y les cuentan que van a casarse y que van a proyectarse hacia un futuro juntos. En ese punto, parece que entre Abel y Tere quieran tener avances en su relación y deciden ir a ver pisos para mudarse a vivir juntos de alquiler. Pero a Abel todos los pisos le parecen tristes, sin darse cuenta que el atribulado es él.

Ante un nuevo ataque de frustración, en los baños de la estación de tren de la Bonanova, un anciano va a ser su segunda víctima. Al salir del lugar, sigue con su gris vida sin más.

Resultado de imagen de las horas del dia rosales

Parece que todo lo que toca lo destruye, es tal que acaba por romper la amistad con su amigo el kioskero confesandole en plena boda que un dia se besó con su “ahora ya” su actual esposa, Tere acaba por abandonarlo ya que no aguanta más la inacción de Abel, la empleada de la tienda decide irse a cambio de una indemnización justa. Lo único que le queda es el establecimiento que está decidido a cerrarlo ya que es una ruina y, su madre, único vinculo afectivo en este momento, parece que va a rehacer su vida con un hombre que acaba de conocer.

Abel, con dos muertes a su espalda, está más solo que nunca. Todo el mundo acaba por abandonarlo y lo peor de todo, ahora su estancamiento es absoluto; “no tiene futuro alguno”.

Resultado de imagen de las horas del dia rosales

A nivel técnico destacar que la cinta se graba en largos planos y, curiosamente sin banda sonora. La interpretación de los actores es excepcional. Mostrar la no conexión entre un protagonista apático y un entorno que no conecta con su realidad paralela a lo inerte, hace que lo cotidiano suene a vacio. “Las horas del día” no juzga la actitud de Abel, puesto que solo sabe él lo que hace, no hay testigos de sus actos, solo nosotros estamos presentes en el lado oculto de su monstruosa actitud.

“Las horas del día” es una de esas películas que cuenta una historia triste y no solo se limita a ello si no que, Rosales busca añadirle el plus truculento con un par de asesinatos con el único sentido justificable de una malograda vida que tiene el protagonista ante su silenciosa total, interior y exterior, desamparo.