“Art is a Weapon” cuenta la vida del guionista de cine y escritor búlgaro Angel Wagenstein (1922).

Todo ello da comienzo con un titular en forma de reflexión:

94 years

52 films

3 revolutions

Está claro que en una vida se de esta coyuntura, se tienen que dar los elementos de vida, por su longevidad, de esfuerzo, por su amplia filmografía y, por último y externa a él, inestabilidad política en el país en el que nació. Algo difícil de repetir en otras circunstancias.

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La vida de Wagenstein no ha sido nada fácil. De padre comunista, Angel en su juventud fue miembro de una brigada partisana judía en Bulgaria, por supuesto antifascistas, durante el conflicto de la Segunda Guerra Mundial.

Un tiempo más tarde, fue arrestado, torturado y condenado a muerte por un tribunal nazi. Cuando todo parecía terminado para él, con la pena capital encima de su cabeza, el Ejército Rojo entra al país y libera a Wagenstein.

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Angel afirma que toda revolución con cambios, si no están aceptadas con libertad, acaban cayendo por sí mismas, así pasó con las tres revoluciones, o cambios políticos que ha vivido.

La vida profesional de Wagenstein se inició en el cine, un arte con espíritu de contar historias. Cuando este se da cuenta que el séptimo arte se utiliza como arma de propaganda y no como un negocio más, decide hacer de sus obras, armas de resistencia contra el régimen estalinista (de aquí surge el nombre del documental; arte es una arma).

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Para alguien que cree en el socialismo como un mecanismo de empoderamiento para y por el pueblo y, por el contrario, recibe estímulos inversos a lo que quiere lograr, es muy frustrante ver que se está engañando a toda una generación que valora esos ideales. Por eso Wagenstein acaba por renegar del “falso” sistema impuesto por un gobierno corrupto.

En el ámbito de la palabra escrita ha sido más tardano. Publicó “El Pentateuco de Isaac” (1998), su primera novela, a los 76 años. Se decidió a dejar el legado de sus recuerdos, la memoria de un pueblo y de un tiempo que no quería que quedase en el olvido. Este no fue el único libro, ya que completó una trilogía con “Lejos de Toledo” (2002) y “Adiós, Shanghai” (2004).

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Curiosamente comentar que en su biblioteca personal preside un póster original enmarcado del Acorazado Potemkin (1925) del cineasta soviético Serguéi M. Eisenstein, parece un elemento más de lucha incesante en el pensamiento de Wagenstein, como cuando la tripulación del Potemkin se rebela contra los oficiales de la armada zarista, que de decoración azarosa.

Wagenstein es un testimonio vivo, voz en primera persona de alguien que decidió luchar a través del arte. De abrir los ojos a miles de personas que creían en una utopía encubierta, un engaño a gran escala que acabó por desmoronarse.

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A nivel técnico, el documental abarca, y entrelaza perfectamente, conversaciones personales con Wagenstein, fragmentos de varias de sus películas y material del archivo nacional búlgaro que ayudan a entender lo que este quiere expresar en palabras.

El documental termina con una desconcertante cita de Karl Marx;

“Todo lo que sé es que yo no soy marxista”

Escrito por Rodolfo Monserrat