Dentro de la muestra de las mejores películas del año que nos trae la Filmoteca de Catalunya, hemos podido ver “El otro lado de la esperanza” del director finlandés Aki Kaurismäki.

Estamos en Helsinki, donde Khaled, un joven sirio llega como polizón en un carguero de carbón, huyendo de la guerra en su país. En Finlandia intentará solicitar un visado de asilo político, pero este le será denegado. Ante tales hechos y sin ver viable la vuelta a su nación, decide quedarse como ilegal en Finlandia.

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Wikström, un vendedor freelance de camisas de mediana edad y recientemente separado, decide liquidar el negocio y empezar en restauración. Para ello compra un antiguo restaurante, con cierta decoración de los años 80 y tratar así de iniciar una nueva etapa con ilusiones renovadas. Un lugar que irá probando desde la comida tradicional finlandesa, a la japonesa, india y de regreso a sus orígenes, ya que buscará la formula que mejor se adapte para prosperar.

Una tarde Wikhström se encuentra a Khaled, sucio y maltrecho, oculto entre los cubos de basura fuera del restaurante. Este al verlo, decide darle una oportunidad. Le da trabajo, comida y habilita el almacén donde guardaba las camisas a modo de habitación, para que el joven pueda descansar. No es la situación “ideal” de ayuda que esperaba, pero la bondad de Wikhström, hace que Khaled se sienta algo mas tranquilo.

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Una vez “posicionado”, Khaled decide buscar a su hermana menor, de la que creía que había muerto en un bombardeo pero que descubre que también hizo el mismo recorrido escapando de la contienda.

“El otro lado de la esperanza” ya nos da a entender que no todo lo que encontramos en la sociedad es egoísmo puro, aun vemos ápices de esperanza en personas que ayudan a otras personas. La solidaridad por el desamparado es la clave en esta cinta, algo que se practica poco en nuestras sociedades por la insensibilizad que constantemente se nos “trasmite” desde la burbuja de nuestras sociedades. Parece que lo que ocurre fuera ya no nos incumbe, dado que no es nuestro problema. Ello hace que podamos seguir con nuestras vidas sin sentirnos culpables. Kaurismäki le da la vuelta a esa conceptualización ya preconcebida y aceptada entre la ciudadanía y, busca hacernos ver que podemos, y debemos, echar una mano a quien lo necesite.

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La cinta cuida los detalles, tanto en las interpretaciones como en los decorados. Los diálogos son intensos y lo que falta por decir, siempre acaban por gestualizarlo los mismos actores.

En definitiva, con esta cinta vemos que, aunque todo sea complicado en la vida, siempre hay luz al final del túnel. Tiene que prevalecer el optimismo ante cualquier obstáculo, ya que si no existe “ese otro lado de la esperanza” todo esta perdido.

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Hay cosas que no difieren de la ficción, como que Sherwan Haji, Khaled en la película, de nacionalidad siria, consiguió el estatuto de refugiado en Finlandia en 2010.