En la quinta jornada de Cinema Àrab i Mediterrani, pudimos disfrutar de dos realidades distintas;

“Verd marcit” (Withered Green) de Muhammad Hammad, 2016

“Caça de fantasmes” (Istiyad Ashbah) de Raed Andoni, 2017

Verd marcit

Es la historia de Iman, mujer y hermana. Mujer que lucha, después de la muerte de sus padres, por tener un lugar en el mundo, una realidad de hombres donde la mujer esta totalmente supeditada a las decisiones varoniles. Y hermana mayor de Noha, una chica que prepara su compromiso a través de la mirada de Iman y los dictámenes de su tío. Ambas mujeres sienten el rechazo de la sociedad egipcia, al no haber ningún hombre directo que interceda sobre sus actos.

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Iman anda totalmente perdida, su vida se centra en los cuidados de Noha y en su trabajo en una pastelería de barrio donde vende los típicos dulces árabes. Su mundo se perturba con la noticia de un posible cáncer, recordándome a “Cléo de 5 à 7” de Agnès Varda (1962), una incertidumbre mas que durará una semana mientras en el trabajo se estropea las neveras y su hermana esta con los preparativos de su futuro enlace. Una agonía que despertará su tristeza interior, dándose cuenta así de su escaso porvenir ante la soledad que se le avecina.

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A destacar la calidad de imagen, tanto de los primeros planos, los encuadres, como la forma de captar los sentimientos a través de las expresiones faciales de las protagonistas. Así también, los decorados y las localizaciones de interiores y exteriores tan “naturales” como la forma de relatarnos la crónica.

“Verd marcit” es una película totalmente reivindicativa hacia la sociedad que se esta creado a base de mantener estereotipos arcaicos y sin validez en pleno siglo XXI.

Caça de fantasmes

Es un documental que narra la dureza de los prisioneros palestinos a través de la piel de personas reales. Aquí no hay actuaciones, solo la reconstruccion de lo que sucede tras los muros de las cárceles israelitas.

La idea parte por reunir a varios exprisioneros del centro de interrogatorios Moskobiya de Jerusalén Oeste y, construir a partir de sus recuerdos y amargas experiencias, las salas, los pasillos y las celdas a tamaño real dentro de un viejo almacén de Ramala.

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El director “juega” con los “actores” intercambiandoles los roles entre poli bueno, poli malo y detenido. Es una forma de analizar y ver como se comportan las psiques ante el posicionamiento de reo o verdugo. Así se crean momentos de tensión, difíciles de digerir.

Los recuerdos del sufrimiento, el miedo, la impotencia y el dolor siguen vigentes a pesar de ser “libres”. Unas heridas demasiado abiertas en un territorio que no cesa en el empeño de seguir en estado de excepción.

Ramzi Maqdisi, uno de los protagonistas, nos contó que revivir las experiencias fue algo durísimo para todos y, aunque esta en desacuerdo con Raed Andoni, el director, en algún punto del documental, prácticamente muestra la realidad vivida.

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Un viaje al infierno que sacará lo peor de los demonios internos que continúan vagando en el interior de sus protagonistas.

A destacar que todo lo que relata el documental tiene vigencia dado que, a día de hoy, la tortura sobre los palestinos sigue pasando en las cárceles de Israel.