En esta cuarta jornada pudimos disfrutar de “Il garofano rosso” de Luigi Faccini (1976).

Alejo Mainardi (Miguel Bosé) un joven, hijo de terratenientes sicilianos, se traslada a Siracusa (1924) para formarse profesionalmente. Allí conoce a Tarquinio (Denis Karvil) con quien compartirá, junto con otros jóvenes, la ideología fascista. Alejo mientras tanto, se enamora de Giovanna (Marisa Mantovani), una compañera de clase. De quien recibe un clavel rojo, símbolo de amor pero que solo llegará a serlo platónicamente, puesto que no irá más allá con ella, por miedo internos e inexperiencia en menesteres de la pasión. Como contrapartida, su despertar sexual y primeros encuentros físicos los tendrá con Zobeida (Elsa Martinelli), una bella prostituta que está de paso por la ciudad.

“Il garofano rosso” es un buen testimonio visual de la Italia de los años veinte. Un periodo convulso tanto a nivel político, económico como de inestabilidad social. La película está llena de incertidumbres y rencores que trataran de ser disipados con la esperanza de un nuevo amanecer, con la idea de aires renovados e iluminado hacia el presente mas cercano.

Es una cinta argumentalmente compleja, con una trama sencilla y fácil de resumir en cuanto a contenido y, llena de simbolismos, como bien nos ha contado Luigi Faccini al final de la proyección. Ha puesto como ejemplos la escalera de caracol por la que sube Tarquinio en busca de su estimada Zobeida, que quiere dar a entender su reencuentro con el útero, el camino hacia el deseo carnal o, la pistola, de procedencia clandestina, que al final acaban desarmando los amigos, como indicativo de lucha contra el fascismo e ideas de cambio futuras.

A destacar la calidad de imagen, la buena interpretación de los personajes, a pesar de encontrarnos con diálogos a veces difíciles de seguir por los cambios de escenas no secuenciales y, por último, comentar que la banda sonora esta bastante avanzada para la época que representa. Es una música al mas puro estilo Staxx, similar al estilo de Isaac Hayes en Shaft.

Me ha recordado en muchos giros a Michelangelo Antonioni, no en lo conceptual si no en lo estructural, en la forma narrativa y la alegoría a los detalles. Una prolijidad que lleva al espectador a veces a perderse e irse encontrando progresivamente y, de forma repetitiva, al paso de los minutos.

La película está basada en la novela homónima de Elio Vittorini (1948).

Mas tarde se proyecto el documental “A German Life” de Christian Krone, Olaf S. Müller, Roland Schrotthofer y Florian Weigensamer (2016)

Cuenta la historia de Brunhilde Pomsel, secretaria y estenógrafa nacionasocialista del ministro de Propaganda Nazi Joseph Goebbels. Además escribía sus dictámenes y transcribía documentos, cartas, prensa y propaganda. Controlaba los medios de comunicación y las películas en la Alemania nazi.

Como muchas de las secretarias privadas, tales como Traudl Junge, al finalizar la guerra, tras una interrogación, por parte de los soviéticos, afirmó haber trabajado como ministra de propaganda, por lo que estuvo prisionera en Berlín cinco años. Posteriormente Pomsel insistió en que desconocía las atrocidades que hicieron los nazis durante la guerra, y que conoció el Holocausto cuando volvió a casa.

Tras terminar la guerra trabajó en una estación de radio en Berlín, fue secretaria del director de un programa y tiempo después fue transferida a Múnich. Ganó buen salario, y se retiró en 1971 a los 60 años de edad. Se casó, no tuvo hijos y vive en Múnich.

Su vida refleja las grandes rupturas históricas del siglo XX. Hoy, muchos piensan que los peligros del fascismo están superados desde hace mucho tiempo, pero Brunhilde a sus 105 años, deja claro que no es así.